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Por qué llegar a Mercurio exige más energía que llegar a Plutón

BepiColombo ha separado ya el módulo que la impulsó ocho años y ha entrado en la secuencia de llegada más compleja que ha intentado la ESA. Faltan siete meses de maniobras hasta que las dos sondas, una europea y otra japonesa, empiecen a hacer ciencia en Mercurio.

El 3 de septiembre de 2026, el módulo que ha propulsado a BepiColombo durante ocho años se separó de las dos sondas científicas que transportaba. Con esa maniobra empezó la fase de llegada a Mercurio: la secuencia orbital más compleja que la ESA ha intentado nunca. Entrar en órbita de ese planeta exige más energía que enviar una misión a Plutón, y la sonda ha necesitado nueve sobrevuelos planetarios y ocho años de vuelo para conseguirlo sin salir despedida hacia el Sol.

Por qué Mercurio es más difícil de alcanzar que Plutón

Cuanto más se acerca una nave al Sol, más velocidad gana por su propia gravedad. Para las misiones que se alejan del sistema solar interior, eso es una ventaja. Para BepiColombo es el problema central: la sonda cae hacia el Sol durante casi todo el trayecto y llega a Mercurio moviéndose demasiado rápido para quedar atrapada por su gravedad. Si no frenara, pasaría de largo.

Mercurio tampoco ayuda a resolverlo: es apenas un poco más grande que la Luna, así que su gravedad es demasiado débil para capturar una nave por sí sola. La combinación de ambos factores hace que insertarse en órbita de Mercurio requiera más energía que llegar hasta Plutón, según la propia ESA.

La solución no ha sido ir más rápido, sino ir más lento durante más tiempo. El módulo de transferencia lleva motores iónicos de propulsión eléctrica solar, que producen un empuje mínimo pero constante durante años. Una propulsión química convencional habría necesitado más combustible del que un lanzador podía poner en órbita.

Nueve frenazos gravitatorios y más de 10.000 millones de kilómetros

Además del empuje iónico, la sonda ha ido perdiendo velocidad con sobrevuelos planetarios que actúan como frenos gravitatorios: uno sobre la Tierra en abril de 2020, dos sobre Venus en octubre de 2020 y agosto de 2021, y seis sobre el propio Mercurio entre octubre de 2021 y enero de 2025. En total, más de 10.000 millones de kilómetros recorridos para reducir la velocidad relativa lo suficiente como para que Mercurio pueda retenerla.

La separación del módulo de transferencia, el 3 de septiembre, se hizo a 40 centímetros por segundo: el corte de cuatro puntos de anclaje mecánico y el empuje de unos muelles bastaron para separar dos naves que llevaban ocho años unidas. En ese momento, la sonda estaba a 200 millones de kilómetros de la Tierra, con un retraso de señal de unos 30 minutos.

Qué queda hasta abril de 2027

La llegada a Mercurio no es un único evento, es una secuencia de meses. El 21 de noviembre de 2026, el Mercury Planetary Orbiter (MPO) de la ESA y el Mercury Magnetospheric Orbiter (Mio) de la agencia japonesa JAXA quedarán capturados juntos en una órbita polar alrededor del planeta. Entre el 9 y el 10 de diciembre se separarán entre sí, cada uno hacia su órbita definitiva. Las operaciones científicas no empezarán hasta abril de 2027.

SondaOperadorFunción principalÓrbita final
MPOESAEstudiar la superficie, la geología y el campo gravitatorio de Mercurio480 × 1.500 km, polar
Mio (MMO)JAXAAnalizar la magnetosfera y el entorno de partículas del planeta590 × 11.640 km, polar

Entre las dos naves suman 16 instrumentos científicos, financiados con un presupuesto conjunto de unos 1.700 millones de euros.

El margen de error, casi nulo

Ignacio Tanco, jefe de operaciones de misiones al sistema solar interior de la ESA, ha comparado la fase de llegada con trabajar "con un horno de pizza muy caliente encendido justo a tu espalda". Los paneles solares de BepiColombo están inclinados con precisión milimétrica: un giro de más y pierden potencia, un giro de menos y se sobrecalientan. Según Tanco, a la misión le quedan "unos seis meses de operaciones intensas" antes de cerrar toda la secuencia de llegada.

Santa Martínez, responsable de la misión en la ESA, ha descrito Mercurio como "un destino exigente, por el entorno extremo que hay tan cerca del Sol". La propia agencia da por hecho que surgirán imprevistos en los próximos meses.

Fuentes